Llegar a estas horas, a las páginas de la novela ‘EL LECTOR’ de Bernhard Schlink (Anagrama) es como llegar con retraso a la estación del ferrocarril, a coger el tren, que nos va a llevar alguna parte, también es cierto que más vale tarde que nunca, también ocurre con el cine que al adaptar una novela, las ventas de ésta, automáticamente se disparan. Pero dejando de lado la hora de llegada, la premiada Kate Winslet, y el más vale tarde que nunca. Después de leer la novela solo cabe decir una sola cosa que es arte. Esta novela es arte. Siempre he tenido el convencimiento que para que algo se llame: "ARTE" debe provocar sentimientos ya sea de rechazo, asombro o empatía, lo que nunca puede hacer el arte es dejar indiferente.‘EL LECTOR’ es una corta y estupenda novela. Su brevedad y el relato de los hechos es lo que le dan el impulso para que al lector, le provoque un choque de sentimientos encontrados. Personalmente a mi Michael Berg, el personaje masculino, me ha sacado literalmente de quicio. La novela se divide en tres partes, una primera parte muy sensual, una segunda parte donde se cuece la historia con un fuego brioso y una tercera y última parte explosiva que es donde el lector o lectora sentirá en su piel algún tipo de sensación, es la parte que no deja indiferente, es la parte en que se llega a decir: esto es arte. La novela termina en punto alto, es un buen final, provocador, pero que sea un buen final no es incompatible con que el personaje
masculino de esta historia, de dos, saque de quicio al público. Una historia de dos que eclipsa el trasfondo tan manido de los campos de concentración y de la segunda guerra mundial. En ‘EL LECTOR’ predomina por encima de los hechos históricos, la historia de Hanna y de Michael, y es esa relación, esa historia la que será juzgada por el público, la que provoca aplausos u ofende.Igual como en ‘El regreso’, Bernhard Schlink, pone encima de la mesa preguntas que inquietan la conciencia de los lectores y que las remueve.
© María Aixa Sanz
Publicado:ARIADNA-rc


