—La nariz es de lo que se trata… ¡no está comprendiendo! La nariz, mi propia nariz se ha largado sin dar noticias. ¡El diablo quería burlarse de mí!
—¿Y cómo se ha largado? No acierto en entender del todo.
El mayor Kovaliov se despierta un día que no tiene nada de especial es su apartamento de San Petersburgo y para su sorpresa no halla en su cara su nariz. Así empieza ‘La nariz’ (Gadir) de Nikolái Gógol. Un genial relato. Lleno de ironía, sonrisas y carcajadas.
Es tal el grado de surrealismo del cuento que el lector se convierte en el primer surrealista del mundo, en el más grande de los surrealistas, creyéndose el relato de pe a pa, lo cree a pies juntillas, no lo pone en ningún momento en duda sino que lo disfruta. Y va detrás de una nariz como si en ello le fuera la vida durante setenta y siete páginas.
Nikolái Gógol en ‘La nariz’ muestra una vez más la magia que posee la literatura, los cuentos, que pueden hacer creíble lo increíble, cubrir la realidad de sueños y volver verosímiles las historias más ilógicas e irracionales. Fantástico. Un cuento sencillamente fantástico ilustrado por el trazo ágil de Saura Múzquiz.
© MARIA AIXA SANZ

