—¡Líbreme del cielo! —exclamó Stuart—, pero, en cambio apostaría cuatro mil libras a que es imposible hacer tal viaje en ese tiempo.
—Es muy posible, al contrario —respondió Fogg.
—Pues bien, hágalo.
—¿Dar la vuelta al mundo en ochenta días?
—Sí.
—De acuerdo.
—¿Cuándo?
—En seguida.
Alianza Editorial ha reconvertido su antigua colección de libros de bolsillo creada en 1966 en una moderna colección con un formato más ancho, con otra tipografía y una encuadernación más flexible y cómoda para el lector, una colección creada por el prestigioso diseñador gráfico Manuel Estrada, que concibe las portadas como: «las puertas por las que se entra a los libros o ventanas por las que se asoman ellos a nosotros», y que le ha dado a la colección una luminosidad que capta la mirada del lector, devolviéndole de ese modo al libro según Valeria Ciompi, directora de la editorial: «la dignidad como objeto», que por cierto sigue siendo el invento más leal, que mayores emociones provoca y que resiste en el tiempo manteniéndose como un objeto de deseo.
Así pues el reencuentro con los lectores se produce al instante como un flechazo y esta nueva colección es objeto de nuevas lecturas o relecturas.
La reseña que me ocupa en este momento corresponde a una relectura de esta colección de Alianza, la de: ‘La vuelta al mundo en ochenta días’ de Julio Verne. Una novela de aventuras que me emociona y me divierte a la par cada vez que la leo, y me es del todo inimaginable cómo puede haber lectores que todavía no hayan leído esta maravillosa novela, pues es uno de esos títulos imprescindibles en cualquier biblioteca y a cualquier edad. Conocemos que Julio Verne se adelantó a todos los tiempos por contar con una sólida base de curioso, que no dejaba de estudiar ningún detalle de todo aquel cachivache o invento del cual hubiese un proyecto y que él tuviese conocimiento de su existencia, pero también es preciso conocer su calidad como novelista al trasformar todas esas ideas en palabras plasmadas en negro sobre blanco y crear historias impactantes y atractivas.
El lector de ‘La vuelta al mundo en ochenta días’ vive minuto a minuto el viaje narrado, como si el mismo fuese en compañía de los personajes. Esos dos memorables personajes magistralmente creados por Verne siendo uno la antítesis del otro: el flemático e impasible inglés Fhileas Fogg, y el francés, visceral y a la vez pragmático Passepartout.
El equilibro que consigue Julio Verne entre estos dos personajes más la emoción del recorrido y la trepidante narración hacen de esta novela escrita en 1872 una novela para nada anacrónica y muy pero que muy divertida y recomendable.
© MARIA AIXA SANZ


