…Alrededor de veinte personas en un espacio estrecho, unas veces balanceadas por un mar tempestuoso, otras quemadas por un sol ardiente, se disputan todos los días los escasos restos de las provisiones.
Posiblemente lo último que podía imaginar Prosper Mérimée cuando escribió en 1829 este cuento titulado: ‘Tamango’ (Gadir) es que ciento ochenta y dos años después seguirían muriendo en alta mar niños, mujeres y hombres que abandonan las costas africanas en busca de la esperanza blanca.
Una esperanza que quizás no existe, que sea nada, una quimera falsa promulgada por intereses blancos como entonces lo fue lo que eufemísticamente llamaron la exportación de madera de ébano, es decir, la trata de negros.
‘Tamango’ es la historia de un cacique africano que vende a sus compatriotas y les conduce a encontrarse con la muerte en alta mar con la promesa de un futuro mejor. Todo bajo el beneplácito y las embarcaciones de los hombres blancos.
Al lector no le costara encontrar por desgracia la gran similitud entre este cuento escrito por el francés Prosper Mérimée en 1829 y lo que acontece en nuestros días, con centenares de africanos ahogados y otros que a duras penas consiguen llegar a nuestras costas. No quisiera pensar que es el sino de África. Quisiera pensar que no lo es. Pero después de leer este crudo relato el lector no puede dejar de preguntarse por qué nada ha cambiado en ciento ochenta y dos años. El texto junto a las ilustraciones tajantes de Ximena Maier estremece y provoca una profunda tristeza y desazón y si a ello le sumamos que el nombre de la embarcación protagonista de este cuento se llama La Esperanza, pues uno se queda ya mudo, como si el destino estuviese gastando un broma pesada.
© MARIA AIXA SANZ

