Se recordará (cómo, por amor de
Dios, podría olvidarse) que el viernes pasado me ocupé del asunto del
manipulado de libros, mi nuevo servició, que permite a los ignorantes que
quieren que se sospeche que leen libros tener sus libros manipulados y
manoseados de modo que dé la impresión de que su dueño sea muy devoto de ellos.
Describí tres niveles de manipulado y prometí explicar lo que se obtiene con…

Desde que supe de su publicación
tenía unas ganas tremendas de leer ‘La gente corriente de Irlanda’ (Nórdica
Libros) para disfrutar con este tipo burlón, divertido, alegre que es: Flann O’Brien y que me embaucó con ‘Crónica de
Dalkey’, título con el que lo descubrí. Nórdica Libros ha publicado en estos años todas sus
novelas y ahora para celebrar el centenario de su nacimiento publica la obra
de Myles na gCopaleen (seudónimo de Flann O’Brien) recogiéndola en ‘La gente
corriente de Irlanda’.
Flann O’Brien escribió durante más de veinte años una columna diaria
titulada: Cruiskenn Lawn en el diario irlandés The Iris Times
bajo el nombre de Myles na gCopaleen. Más
de veinte años dan para mucho y en ‘La gente corriente de Irlanda’ está reunido
lo más sobresaliente de esos artículos donde toca todos los palos, pero sobre
todo arranca carcajadas cuando se dedica a dar consejos a los ricos iletrados sumergiéndose
en el mundo de los libros.
Una visita que efectué el otro día a la casa de un amigo recién casado me hizo pensar. Mi amigo es hombre de gran riqueza y vulgaridad. Cuando se puso a comprar cabeceros de camas, mesas, sillas y estanterías se le ocurrió comprar también una biblioteca. Si sabe leer o no es algo que ignoro, pero una rabiosa capacidad de observación le dijo que la gente más respetable y estimable normalmente tuvo un montón de libros en sus casas. De modo que compró varios estantes y pagó a un pícaro intermediario para que se los rellenara con todo tipo de libros nuevos, algunos de ellos volúmenes muy costosos sobre el tema de la pintura de paisajes francesa.
Descubrí durante mi visita que ninguno de ellos había sido abierto o tocado nunca, y señalé esta circunstancia.
«Cuando me haya instalado como es debido», dijo el necio, «tendré que ponerme al día en mis lecturas».
Esto es lo que me hizo pensar. ¿Por qué una persona rica como esta ha de padecer la molestia de fingir que lee? ¿Por qué no va un tratante de libros profesional y manosea convenientemente su biblioteca a tanto por balda? Una persona así, debidamente cualificada, podría ganar una fortuna.
La prosa cargada de sarcasmo e ingenio, fiel reflejo de la personalidad
de Flann O’Brien y que deleita a los lectores afines a ese carácter en ‘La
gente corriente de Irlanda’ se desparrama y se supera a sí misma, muestra de
ello es el párrafo anterior.
Lo cual hace de ‘La gente corriente de Irlanda’ una pieza ingobernable, inclasificable,
insustituible e indispensable.
© MARIA AIXA SANZ
