Tom se sienta fuera, en los
escalones de la entrada. Le hace gracia escuchar a la anciana cantar. Como una
cacerola resquebrajada.
Cuando Tom de once años dando una
vuelta con su bici encuentra a la Señora Madeleine tendida en el suelo, hecha
un guiñapo, en uno de los huertos de las inmediaciones de la caravana donde vive,
marca un antes y un después en su historia personal y en la de su madre, y sin
saberlo también en la de la Señora Madeleine. En ese encuentro se produce el
punto de inflexión en la vida de Tom y la narración de Barbara Constantine
crece y se vuelve enorme y preciosa hasta conseguir como fruto la deliciosa
novela que es ‘Tom, pequeño Tom, hombrecito Tom ’(Seix Barral). Una novela
pegada a la vida por tanto pegada a la esperanza y llena de luz.
Ante ‘Tom, pequeño Tom, hombrecito
Tom’ estamos de nuevo ante una de esas joyas que produce la literatura francesa
y que de tanto en tanto se asoman a nuestra vida para mejorar su calidad. En la
mente de todos están títulos como: ‘Juntos, nada más’, ‘La sal de la vida’, ‘La
delicadeza’… Novelas que son fáciles de leer para el lector y que están llenas
de ilusión, confortabilidad y una magia especial. Novelas en las que el
novelista demuestra como domina el arte de contar la vida desde su lado
positivo, viendo siempre la botella medio llena y Barbara Constantine es una de
ellos, consiguiendo con maestría hacer fácil lo difícil y creando a Tom. Un
personaje memorable. Una metáfora que justo ahora nos hace quizás más falta que
nunca. Cuando la crisis también es de valores.
‘Tom, pequeño Tom, hombrecito Tom’
es una lección de vida. Tom es un pequeño héroe que llevaremos siempre en el corazón.
Tom es lo mejor que nos puede pasar en este otoño literario. Por tanto perderse
a Tom es perderse a una gran persona, un inmenso personaje que nos dibuja la
sonrisa en el rostro y nos hechiza, nos alegra la vida, y cuya bondad y nobleza
nos ayudan a pensar que quizás la esperanza lleva el nombre de Tom y que la
vida aunque a ratos parezca imposible puede ser un lugar maravilloso para vivir.
© MARÍA AIXA SANZ
*Resaltar la explícita y magnífica
ilustración de la portada de Noemí Villamuza.

