… Cuando vas sentada delante de tu piloto sin nada más que espacio frente a ti, te parece que te lleve en las palmas estiradas de sus manos, (…)
Cuando Denys y yo no teníamos tiempo para largos viajes salíamos hacer un corto vuelo sobre las colinas del Ngong, por lo general al atardecer.
Alfaguara reedita ‘Memorias de África’ de Isak Dinesen: la historia de los dos amores reales, apasionados, incondicionales, auténticos, vivos, únicos e imperecederos de Karen Blixen: África y Denys Finch-Hatton.
‘Memorias de África’ es el maravilloso libro de viajes en el que Karen Blixen plasmó el amor por ambos. ‘Memorias de África’ es el libro con uno de los comienzos más popular y conocido de la literatura:
«Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías.»
Karen Blixen, la mejor contadora de historias de toda Europa, en ‘Memorias de África’ se dispuso a contarnos con palabras escogidas con dulzura y con tacto, conociendo que de su elección dependía el sabor y la textura de la historia que iba a contar: la historia de esos dos amores. Amores en mayúscula.
«Teníamos muchos visitantes en la granja. En países de pioneros la hospitalidad es una necesidad de vida no sólo para los viajeros sino para los colonos. Un visitante es un amigo (…) Cuando Denys Finch-Hatton volvía de una de sus largas expediciones estaba ansioso por hablar y me encontraba a mí también ansiosa de lo mismo, así que nos sentábamos a la mesa del comedor hasta altas horas de la madrugada, hablando (…)»
Karen Blixen empieza a escribir por culpa de la lluvia las historias que hasta entonces había contado a sus amigos en las veladas africanas. Empieza a escribirlas impulsada por Denys Finch-Hatton y por culpa de la lluvia, en África, en el continente que tanto ama y en el que vive durante catorce hermosos y duros años donde llueve de marzo a junio. Un año en que las lluvias no llegan, ella emplea sus horas en rellenar hoja tras hoja, para vaciar su cabeza del tedio, de los problemas y llenar los espacios de tiempo con palabras que tengan algún significado:
«Pero cuando la tierra respondía como una caja de resonancia, con un ruido fértil y profundo, y el mundo cantaba en torno tuyo, en todas las dimensiones, por encima y por debajo, esa era la lluvia. Era como volver al mar cuando has estado mucho tiempo lejos de él, como el abrazo de un amante. Pero un año no vinieron las lluvias. Entonces fue como si el universo te diera la espalda. (…) Por las tardes comencé a escribir cuentos de hadas y relatos fantásticos que me llevaban lejos, a otros países y a otros tiempos. (…) Cuando me levantaba y salía, afuera soplaba un viento insoportable, el cielo estaba despejado y engarzado de millones de duras estrellas; todo estaba seco.»
Pocas formas de escribir recogen tantos matices como lo hace Karen Blixen. Cuando vuelve forzadamente desde África a Dinamarca convierte su día a día, en el día a día de una escritora cuya memoria y vida se han quedado ancladas en las puertas de Nairobi, cerca de Mombassa, en tierras africanas.
«Aunque yo sé una canción de África -pensaba-, de la jirafa y de la luna nueva africana tendida de espaldas, de los arados en los campos y de los rostros sudorosos de los recolectores de café, ¿Sabrá África una canción sobre mi? ¿Vibrará el aire en la llanura con un color que yo he llevado, o los niños inventarán un juego en el cual esté mi nombre, la luna llena proyectará una sombra sobre la grava del camino que será como yo, o me buscarán las águilas de Ngong?»
Karen Blixen escribe un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. La Karen Blixen que conocemos como escritora mediante su seudónimo de Isak Dinesen no hubiese existido de no haber vivido y sufrido en África. El universo no concibe un resultado diferente. Isak Dinesen es la suma de Karen Blixen más el continente africano. «El mundo no existiría sin las calles de Nairobi», escribe en ‘Memorias de África’. África le había dado la libertad y esa libertad aflora en cada página de este libro. Libertad y vida mezcladas una vez más con la literatura. Todo ello es ‘Memorias de África’. Todo ello y mucho más. Infinidad de matices, de historias, pueblan este maravilloso libro que el buen lector nunca se cansa de releer. Amores en mayúsculas. Literatura en mayúsculas. Literatura en estado de gracia.
© MARIA AIXA SANZ
*** Si alguien se pregunta el porqué del seudónimo sencillamente es porque la Baronesa Blixen se cansó de enviar sus manuscritos en Dinamarca con su auténtico nombre y que nadie le diera respuesta, hasta que utilizó el nombre masculino de Isak Dinesen con el cual se le abrieron las puertas del cielo literario.