…Uno prefiere saber cuándo nació, en la medida de lo posible. Estar al tanto del instante numérico en que todo arranca, en que la trama comienza con el aire, la luz, la perspectiva, las noches y los sinsabores, los placeres y los días. Ello permite disponer de un primer punto de referencia …
En ‘Relámpagos’ (Anagrama), Jean Echenoz vuelve a novelar la
vida de una persona real y ocurre lo mismo que sucedió en sus dos novelas
anteriores: ‘Ravel’ y ‘Correr’. La persona real toma las características,
peculiaridades y las sombras y luces que Jean Echenoz le otorga. Así pues en ‘Relámpagos’
el ingeniero Nikola Tesla, es decir, Gregor tendrá de ahora en adelante la fisonomía,
las maneras, los modales, los aires, las manías, las virtudes y defectos con
los que Echenoz le ha vestido. Echenoz manipula con su pluma una realidad, la
convierte en ficción y esta se torna realidad. Si Echenoz fue antes que Ravel,
también lo es en este caso.
Echenoz escribe ‘Relámpagos’ para describir a Gregor y contarnos la vida del inventor de la energía eléctrica tal cual hoy la conocemos, además de un sinfín de inventos más que logró patentar pero no desarrollar. Jean Echenoz lleva a Gregor, personaje de personalidad disonante debido a su inteligencia y al momento de su nacimiento, desde las montañas del este de Europa, a la General Electric, al andamio de unas obras en Brooklyn, a la Western Union, al Waldorf Astoria, a un criadero de palomas a la velocidad de la luz. Un personaje al cual contemplaremos en la cumbre y en la nada marcado siempre por esa forma peculiar, humorística, inteligente y directa de narrar que tiene Jean Echenoz que tan buen resultado le dio con ‘Ravel’ y en ‘Correr’. En 'Relámpagos', Echenoz, vuelve a crear a la persona a través del personaje.
© MARIA AIXA SANZ
