20.3.12

“TOMBUCTÚ” de Paul Auster por MARÍA AIXA SANZ



… Allí era a donde la gente iba al morir. Una vez que el alma se separaba del cuerpo, lo enterraban a uno y su alma se largaba al otro mundo. Willy había insistido sobre eso durante las últimas semanas, y en la mente del perro ya no cabía duda de que el otro mundo era un sitio que existía de verdad. Se llamaba Tombuctú, y por lo que Míster Bones podía colegir, se encontraba en medio del algún desierto, lejos de  Nueva York y de Baltimore, lejos de Polonia y de cualquier otra ciudad que hubiesen visitado a lo largo de sus viajes. En un momento dado, Willy lo describió como un «oasis de espíritus». En otro momento dijo:
Donde termina el mapa del mundo, es donde empieza Tombuctú.
Por lo visto, para llegar allí había que atravesar a pie un inmenso reino de arena y calor, un territorio de eterna nada. Míster Bones tenía la impresión de qué sería un viaje penoso y difícil, pero Willy le aseguró que no era así, que no se tardaba más que un abrir y cerrar de ojos en hacer todo el trayecto. Y cuando se llegaba, decía, una vez que se cruzaban las fronteras de aquel refugio, ya no había que preocuparse de comer, ni de dormir por la noche ni de vaciar la vejiga. Se estaba en armonía con el universo, se era una partícula de antimateria alojada en el cerebro de Dios.



Publicada por Anagrama en 1999, ‘Tombuctú’ de Paul Auster sigue emocionando a todos aquellos lectores enamorados de los perros. Paul Auster narra en ‘Tombuctú’ los avatares de Míster Bones, un perro callejero, que cuando muere su amo debe aprender a vivir sin la protección de éste. Con él, con Míster Bones, callejearemos, buscaremos comida, un lugar para dormir, compañía, una caricia y un poquito de amor. ‘Tombuctú’ es una entrañable novela; donde Paul Auster mira de nuevo de frente a la muerte, y desenmascara esos lazos de amor que nos atan a la vida. ‘Tombuctú’ es una de esas novelas que puede releerse sin que el lector corra ningún peligro, como también es una espléndida primera lectura para todos aquellos para quienes los perros son algo más que animales. El profundo amor que Míster Bones nos ofrece no es para nada despreciable y la idea o el ardid que Paul Auster creó con Tombuctú, es cuando menos reconfortante. Un placer.

© MARIA AIXA SANZ